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El Arroyo

Reclus, Elíseo, 1830-1905

Spanish



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Below is a summary of El Arroyo


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ELÍSEO RECLUS


EL ARROYO




#El ARROYO#


Elíseo Reclus




Traducción de A. López Rodrigo




#EL ARROYO#




CAPÍTULO PRIMERO

#La fuente#


La historia de un arroyo, hasta la del más pequeño que nace y se pierde
entre el musgo, es la historia del infinito. Sus gotas centelleantes han
atravesado el granito, la roca calcárea y la arcilla; han sido nieve
sobre la cumbre del frío monte, molécula de vapor en la nube, blanca
espuma en las erizadas olas. El sol, en su carrera diaria, las ha hecho
resplandecer con hermosos reflejos; la pálida luz de la luna las ha
irisado apenas perceptiblemente; el rayo la ha convertido en hidrógeno y
oxígeno, y luego, en un nuevo choque, ha hecho descender en forma de
lluvia sus elementos primitivos. Todos los agentes de la atmósfera y el
espacio y todas las fuerzas cósmicas, han trabajado en concierto para
modificar incesantemente el aspecto y la posición de la imperceptible
gota; á su vez, ella misma es un mundo como los astros enormes que dan
vueltas por los cielos, y su órbita se desenvuelve de cielo en cielo
eternamente y sin reposo.

Toda nuestra imaginación no basta para abarcar en su conjunto el
circuito de la gota y por eso nos limitamos á seguirla en su curso y su
caída, desde su aparición en la fuente, hasta mezclarse con el agua del
caudaloso río y el océano inmenso. Como seres débiles, intentamos medir
la naturaleza con nuestra propia talla; cada uno de sus fenómenos se
resume para nosotros en un pequeño número de impresiones que hemos
sentido. ¿Qué es el arroyo, sino el sitio hermoso y apacible donde hemos
visto correr el agua cristalina bajo la sombra de los álamos,
balancearse sus hierbas largas como serpentinas y temblar agitados los
juncos de sus islitas? La orilla florida donde gozábamos acostándonos al
sol, soñando en la libertad, el sendero tortuoso que bordea el margen y
que nosotros seguimos con paso lento contemplando el curso del agua, la
arista de la piedra desde la cual el agua unida en apretado haz se
precipita en cascada ó se deshace en espuma; he ahí lo que en nuestro
recuerdo es el arroyo, casi con toda su infinita y compleja naturaleza,
puesto que lo restante se pierde en las obscuridades de lo inconcebible.

La fuente, el punto donde el chorro de agua, oculto hasta allí, se
manifiesta repentinamente, es el paraje encantador hacia el cual nos
sentimos invenciblemente atraídos; que ésta parezca adormecida en un
prado como simple balsa entre los juncos, que salga á borbotones de la
arena arrastrando laminitas de cuarzo ó de mica, que suben y bajan
arremolinándose en un torbellino sin fin, que brote modestamente entre
dos piedras, á la sombra discreta de los grandes árboles, ó bien que
salga con estrépito de una abertura de la roca ¿cómo no sentirse
fascinado por el agua que acaba de salir de la obscuridad y tan
alegremente refleja la luz? Gozando nosotros del espectáculo encantador
que el manantial nos ofrece, nos es fácil comprender por qué los árabes,
los españoles, los campesinos de los Pirineos y otros muchos hombres de
todas las razas y de todos los climas han creído ver en las fuentes
«ojos» de seres encerrados en las tenebrosas entrañas de las rocas, con
los cuales contemplan el espacio y la verdura. Libre de la cárcel que la
aprisionaba, la ninfa alegre mira el cielo azul, los árboles, las
hierbas, las cañas que se balancean; refleja la inmensa naturaleza en el
hermoso zafiro de sus aguas, y, sugestionados por sus límpidas miradas,
nos sentimos poseídos de misteriosa ternura.

La transparencia de las fuentes fué en todo tiempo el símbolo de la
pureza moral; en la poesía de todos los pueblos, la inocencia se compara
con el agua cristalina de las fuentes, y el recuerdo de esta imagen,
transmitido de siglo en siglo, se ha convertido para nosotros en
atractivo.

No cabe duda que esta agua se enturbiará más lejos; pasará por rocas que

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