La Tribuna
Pardo Bazán, Emilia, condesa de, 1852-1921
Spanish
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Below is a summary of La Tribuna
La Tribuna
Por
Emilia Pardo Bazán
Alfredo de Carlos, Madrid 1883
CapítulosI,II,III,IV,V,VI,VII,VIII,IX,X,XI,XII,XIII,XIV,XV,XVI,XVII,XVIII,XIX,XX,XXI,XXII,XXIII,XXIV,XXV,XXVI,XXVII,XXVIII,XXIX,XXX,XXXI,XXXII,XXXIII,XXXIV,XXXV,XXXVI,XXXVII,XXXVIII
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Prólogo
Lector indulgente: No quiero perder la buena costumbre de empezar misnovelas hablando contigo breves palabras. Más que nunca debo mantenerlahoy, porque acerca de La Tribuna tengo varias advertencias quehacerte, y así caminarán juntos en este prólogo el gusto y la necesidad.
Si bien La Tribuna es en el fondo un estudio de costumbres locales, elandar injeridos en su trama sucesos políticos tan recientes como laRevolución de Setiembre de 1868, me impulsó a situarla en lugares quepertenecen a aquella geografía moral de que habla el autor de lasEscenas montañesas, y que todo novelista, chico o grande, tiene elindiscutible derecho de forjarse para su uso particular. Quien deseeconocer el plano de Marineda, búsquelo en el atlas de mapas y planosprivados, donde se colecciona, no sólo el de Orbajosa, Villabermeja yCoteruco, sino el de las ciudades de R***, de L*** y de X***, queabundan en las novelas románticas. Este privilegio concedido alnovelista de crearse un mundo suyo propio, permite más libre inventiva yno se opone a que los elementos todos del microcosmos estén tomados,como es debido, de la realidad. Tal fue el procedimiento que empleé enLa Tribuna, y lo considero suficiente—si el ingenio me ayudase—paraalcanzar la verosimilitud artística, el vigor analítico que infunde vidaa una obra.
Al escribir La Tribuna no quise hacer sátira política; la sátira esgénero que admito sin poderlo cultivar; sirvo poco o nada para el caso.Pero así como niego la intención satírica, no sé encubrir que en estelibro, casi a pesar mío, entra un propósito que puede llamarsedocente. Baste a disculparlo el declarar que nació del espectáculomismo de las cosas, y vino a mí, sin ser llamado, por su propio impulso.Al artista que sólo aspiraba retratar el aspecto pintoresco ycaracterístico de una capa social, se le presentó por añadidura lamoraleja, y sería tan sistemático rechazarla como haberla buscado.Porque no necesité agrupar sucesos, ni violentar sus consecuencias, nidesviarme de la realidad concreta y positiva, para tropezar con pruebasde que es absurdo el que un pueblo cifre sus esperanzas de redención yventura en formas de gobierno que desconoce, y a las cuales por lo mismo
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