Un faccioso más y algunos frailes menos
Pérez Galdós, Benito, 1843-1920
Spanish
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Un faccioso más y algunos frailes menos
Episodios nacionales. Segunda serie; 20
Por
Benito Pérez Galdós
Ilustrada por los Sres.
Mélida, Ferrant, Beruete, Ferriz, Gómez Soler, Alcázar,Hernández Nájera y Mestres
Madrid
1884
Capítulos:
I,II,III,IV,V,VI,VII,VIII,IX,X,XI,XII,XIII,XIV,XV,XVI,XVII,XVIII,XIX,XX,XXI,XXII,XXIII,XXIV,XXV,XXVI,XXVII,XXVIII,XXIX,XXX,XXXI, FIN LOS EPISODIOS NACIONALES
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-I-
El 16 de Octubre de aquel año (y los lectores del libro precedente sabenmuy bien qué año era) fue un día que la historia no puede clasificarentre los desgraciados ni tampoco entre los felices, por haber ocurridoen él, juntamente con sucesos prósperos de esos que traen regocijo ybienestar a las naciones, otros muy lamentables que de seguro habríanafligido a todo el género humano si este hubiera tenido noticia deellos.
No sabemos, pues, si batir palmas y cantar victoria o llorar a lágrimaviva, porque si bien es cierto que en aquel día terminó para siempre elaborrecido poder de Calomarde, también lo es que nuestro buen amigo D.Benigno padeció un accidente que puso en gran peligro su preciosaexistencia. Cómo sucedió esto es cosa que no se sabe a punto fijo. Unosdicen que fue al subir al coche para marchar a Riofrío en expedición derecreo; otros que la causa del percance fue un resbalón dado con muymala fortuna en día lluvioso, y Pipaón, que es buen testimonio para todolo que se refiere a la residencia del héroe de Boteros en la Granja,asegura que cuando este supo la caída de Calomarde y la elevación de D.José Cafranga a la poltrona de Gracia y Justicia, dio tan fuerte brincoy manifestó su alegría en formas tan parecidas a las del arte de losvolatineros, que perdiendo el equilibrio y cayendo con pesadez yestrépito se rompió una pierna. Pero no, no admitamos esta versión queempequeñece a nuestro héroe haciéndole casquivano y pueril. El vuelco deun detestable coche que iba a Segovia cuando había personas queconsentían en descalabrarse por ver un acueducto romano, una catedralgótica y un alcázar arabesco, fue lo que puso a nuestro amigo en estadode perecer. Y gracias que no hubo más percance que la pierna rota, elcual fue en tan buenas condiciones y por tan buena parte, al decir delos médicos, que el paciente debía estar muy satisfecho y alabar lamisericordia de Dios.

—Como todo es relativo en el mundo—decía Cordero en su lecho, cuando seconvenció de que su curación sería pronta y segura—, romperse una piernasola es mejor que romperse las dos, y así, Sr. de Monsalud, yo estoycontentísimo, mayormente viendo que el pesado negocio que me trajo a laGranja está ya resuelto, y que gracias a mi amigo el gran D. José de
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